La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), como parte integrante del sistema electoral peruano, es responsable de la planificación, organización y ejecución de los procesos electorales, referendos y otras consultas populares. Para el período 2007- 2010, la ONPE tiene como una de sus prioridades mejorar la eficiencia de los procesos electorales a través de la progresiva implantación de la votación electrónica con medios electrónicos o cualquier otra modalidad tecnológica, contribuyendo de esta forma al desarrollo y fortalecimiento de la democracia en el Perú.
Dentro de este contexto es que resulta particularmente grato presentar el documento de trabajo que lleva por título: Aspectos tecnológicos del voto electrónico. La investigación se ubica dentro de los esfuerzos que la ONPE desarrolla para poner en conocimiento de los especialistas y público en general las investigaciones que se realizan con respecto al tema. El trabajo es especialmente interesante y pertinente, toda vez que expone con claridad el «estado del arte» del uso de las tecnologías de información y comunicaciones en los procesos electorales.
El estudio examina, en primer lugar, el origen, ventajas e inconvenientes, así como las diferentes formas que existen para clasificar el voto electrónico. En segundo término, nos presenta una visión panorámica de las experiencias en el mundo de esta modalidad de sufragio; para, luego de ello, mostrar que en la actualidad las preocupaciones centrales de los investigadores se enfocan alrededor de los temas de uso del Internet para el voto electrónico. Con este documento de trabajo, la ONPE continúa con su objetivo de ofrecer a todos los miembros de la sociedad un estudio actual y relevante sobre el voto electrónico.
¿ES NECESARIO EL VOTO ELECTRÓNICO?
VENTAJAS E INCONVENIENTES
Muchas son las preguntas sobre la necesidad real de utilizar la tecnología para resolver los procesos electorales. Sus defensores enfatizan las ventajas y minimizan las desventajas. Algunos de dichos aspectos son indiscutibles, pero otros se dan por seguros incluso sin estudios básicos sobre el tema. En la parte positiva destacan tanto la precisión como la rapidez, y en la negativa la falta de seguridad.
Entre los argumentos positivos caben mencionar asuntos como la precisión en la contabilidad de los votos, rapidez en el recuento, incremento de la accesibilidad para discapacitados o por personas con adversidades funcionales, ahorro de papel, flexibilidad, posibilidad de crear una infraestructura permanente para la opinión con voto, mejora de la eficiencia, etc. También se consideran ventajas aspectos más discutibles como por ejemplo el ahorro ecológico, pues las urnas tienen un determinado consumo energético en su fabricación y uso.
Otro punto es que su utilización parece ser más barata que el uso de la urna tradicional; no obstante, hay pocos estudios serios sobre ello. Por poner un caso, en las últimas elecciones presidenciales con módulos electrónicos celebradas en Venezuela (diciembre de 2006) el costo estimado fue de 200 millones de dólares. Por otro lado, hay análisis comparativos de costos en Estados Unidos entre las urnas basadas en sistemas con exploración óptica (optical scan systems) y urnas electrónicas con registro directo o DRE (direct recording electronic systems), pero la variación del precio de compra llega al 900% en función de las características del equipo y su configuración, siendo destacable que en el caso de las DRE se factura el costo de la máquina y el del software de forma separada (HITE 2004).
A considerar también está el supuesto aumento de la participación ciudadana en los comicios (CANTIJOCH 2005; FERNÁNDEZ 2004), aspecto en el cual este trabajo no va a entrar.
Entre los argumentos positivos caben mencionar asuntos como la precisión en la contabilidad de los votos, rapidez en el recuento, incremento de la accesibilidad para discapacitados o por personas con adversidades funcionales, ahorro de papel, flexibilidad, posibilidad de crear una infraestructura permanente para la opinión con voto, mejora de la eficiencia, etc. También se consideran ventajas aspectos más discutibles como por ejemplo el ahorro ecológico, pues las urnas tienen un determinado consumo energético en su fabricación y uso.
Otro punto es que su utilización parece ser más barata que el uso de la urna tradicional; no obstante, hay pocos estudios serios sobre ello. Por poner un caso, en las últimas elecciones presidenciales con módulos electrónicos celebradas en Venezuela (diciembre de 2006) el costo estimado fue de 200 millones de dólares. Por otro lado, hay análisis comparativos de costos en Estados Unidos entre las urnas basadas en sistemas con exploración óptica (optical scan systems) y urnas electrónicas con registro directo o DRE (direct recording electronic systems), pero la variación del precio de compra llega al 900% en función de las características del equipo y su configuración, siendo destacable que en el caso de las DRE se factura el costo de la máquina y el del software de forma separada (HITE 2004).
A considerar también está el supuesto aumento de la participación ciudadana en los comicios (CANTIJOCH 2005; FERNÁNDEZ 2004), aspecto en el cual este trabajo no va a entrar.
INTERES COMERCIALES EN EL VOTO ELECTRÓNICO
En la mayoría de los países que utilizan el voto electrónico han estado presentes —de una u otra forma— las empresas que desarrollan, fabrican o venden servicios relacionados con esta tecnología. En ningún caso vamos a valorar sus desarrollos o su trabajo, que sin duda ha sido esencial para el aumento de las experiencias en todo el mundo, pero creemos que hay también otras opciones que no tienen por qué ser incompatibles.
En algunos países, por ejemplo Estados Unidos, los proyectos e investigaciones de alta tecnología —verbigracia los centros de excelencia en materia de seguridad interna (Homeland security) e incluso en otros ámbitos menos críticos—, se llevan a cabo en las universidades de primera línea en colaboración con el gobierno. Esta unión entre universidades, centros de investigación y gobierno puede dar resultados espectaculares en el avance de las técnicas de voto electrónico.
Otro caso sería dejar a las empresas su comercialización y distribución. De esta manera el diseño no estaría determinado por parámetros comerciales y podría estar más abierto a la revisión e inspección de terceros, es decir, se le dotaría de transparencia.
Tenemos que evitar los conflictos entre lo comercial y lo democrático. Los problemas de los secretos de empresa, patentes, derechos adquiridos, etc., no deben afectar a la democracia. Como concluye Margaret McGaley: «[...] negocios hay muchos, pero democracia sólo una» (MCGALEY y MCCARTHY 2004).
En la mayoría de los países que utilizan el voto electrónico han estado presentes —de una u otra forma— las empresas que desarrollan, fabrican o venden servicios relacionados con esta tecnología. En ningún caso vamos a valorar sus desarrollos o su trabajo, que sin duda ha sido esencial para el aumento de las experiencias en todo el mundo, pero creemos que hay también otras opciones que no tienen por qué ser incompatibles.
En algunos países, por ejemplo Estados Unidos, los proyectos e investigaciones de alta tecnología —verbigracia los centros de excelencia en materia de seguridad interna (Homeland security) e incluso en otros ámbitos menos críticos—, se llevan a cabo en las universidades de primera línea en colaboración con el gobierno. Esta unión entre universidades, centros de investigación y gobierno puede dar resultados espectaculares en el avance de las técnicas de voto electrónico.
Otro caso sería dejar a las empresas su comercialización y distribución. De esta manera el diseño no estaría determinado por parámetros comerciales y podría estar más abierto a la revisión e inspección de terceros, es decir, se le dotaría de transparencia.
Tenemos que evitar los conflictos entre lo comercial y lo democrático. Los problemas de los secretos de empresa, patentes, derechos adquiridos, etc., no deben afectar a la democracia. Como concluye Margaret McGaley: «[...] negocios hay muchos, pero democracia sólo una» (MCGALEY y MCCARTHY 2004).

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